Mi Mundo: Catalina

Mi nombre es Catalina García y este es Mi Mundo. Desde muy pequeña iba a la iglesia todos los domingos como algo normal para mi familia, pero para mí Dios era algo lejano.
Me volví súper rebelde, esto era reflejo de la situación que se vivía en mi familia, mi papá y mi mamá no tenían un buen matrimonio, estaban peleando todo el tiempo y nunca veía a mi papá porque siempre estaba trabajando.
Pasé por muchos colegios y de todos salía con problemas. Entré a la universidad con la libertad del tiempo, sentía que era la dueña del mundo y que podía hacer lo que yo quisiera. Empecé a consumir mucho alcohol, a fumar, drogas, la rumba súper pesada, y fuera de eso terminé una relación de 4 años, quedé con un corazón súper herido y eso también lo tomé como excusa para más meterme en todo tipo de vicios.
Sin embargo mi mamá me seguía obligando ir a la iglesia y tenía que levantarme temprano el domingo, así me doliera la cabeza por la rumba, lo que fuera, pero yo no veía la necesidad.
Después de un tiempo, mi mamá se sentó y me dijo: ya no te voy a obligar más a ir a la iglesia, es tu decisión, es tu vida. Empecé a sentir que algo le faltaba a mi vida, yo sabía en el fondo de mi corazón que esa necesidad era de Dios, pero no quería aceptarlo, y dije: está bien, voy a ir a la iglesia, pero lo hacía porque yo quería.
No sé cómo lo hizo Dios, solamente sé que le entregué mi vida y empecé a cambiar, y empecé a ver el mundo de otra manera. Salía con mis amigos pero ya no me gustaban los mismos planes de antes, me daban ganas de salir corriendo de donde estaba, el trago empezó a hacerme daño y ya no necesitaba la droga.
Después de un tiempo conocí al que ahora es mi esposo. Yo me sentía que no era suficiente buena para él, porque él estuvo siempre apartado del cigarrillo, de la droga, de la rumba, entonces yo pensaba que era mala. Pero Dios me hizo entender que todo mi pecado quedó atrás, y él nos hace nuevas personas.
Tres años más tarde, nos casamos. Y al año y medio de casados me diagnosticaron cáncer de tiroides. Eso fue muy difícil para mí, me sentí decepcionada de Dios, no entendía porque tenía que pasarme algo así, sí yo soy joven. Y a los jóvenes no nos pasan esas cosas, y no me parecía justo ni para mí, ni para mí familia, ni para nadie. Finalmente me hicieron una cirugía, me hicieron un tratamiento que se llama yodoteria y yo pensé que ya, que con eso había sido suficiente, pero un año después, me dijeron que tenían que repetir el procedimiento. Cuando me dijeron eso lloré, me desesperé, quería salir corriendo, fue una situación muy fea, pero sentía que Dios me tenía en su mano y sabía que nunca, nunca, nunca me iba a soltar.
Ahora entiendo que Dios quería enseñarme algo, él quería transformarme, él quería que fuera una mejor persona. Gracias a eso que pasó, valoro mas a mi familia, valoro cosas como ver, hablar, caminar, cosas que vemos tan normales pero son un regalo. Ahora después de tanto tiempo, no entiendo cómo pude vivir una adolescencia y tantos años alejada de Dios. Dios cambió mi vida, entró a mi vida y la transformó.










